El último secreto de 1891: la investigación que desenterró Highfield, la cancha perdida del fútbol argentino
Tras cinco años de investigación, se logró localizar el único campo de juego del primer torneo oficial que permanecía oculto en el corazón de Belgrano.

Existe un romanticismo especial en los orígenes de nuestro fútbol, una época donde las crónicas se escribían en inglés y los estadios no eran mole de cemento, sino campos abiertos que desafiaban al barro. De las seis canchas que albergaron el primer campeonato oficial de la Argentine Association Football League en 1891, cinco ya habían sido localizadas con precisión. Sin embargo, Highfield se mantuvo como un enigma inexpugnable durante 134 años, oculto tras la bruma del tiempo y la imprecisión de los viejos diarios británicos.
En una investigación histórica de más de cinco años, Marcelo Benini, con la colaboración de Ricardo Mase (miembros del CIHF) ha logrado resolver el misterio del único campo de juego de 1891 que permanecía oculto: la mítica cancha de Belgrano.
La sexta pieza del rompecabezas
En aquel 1891 fundacional, equipos como Saint Andrew’s, Caledonians o el Buenos Aires FC ya tenían sus dominios identificados. Pero el Belgrano Football Club jugaba en un lugar que la prensa anglo-argentina mencionaba con una familiaridad casi críptica. Se decía que estaba en los alrededores de la Calle Santa Fe (hoy Avenida Cabildo), cruzando el puente sobre el arroyo Maldonado.
El debut oficial de la cancha se produjo el 19 de abril de 1891, en lo que sería la única victoria del Belgrano FC en el certamen. Los cronistas de la época, como los del diario The Standard, elogiaban el estado del campo incluso bajo la lluvia, pero siempre daban referencias vagas: "cerca de la residencia del Ministro Inglés". Esa frase fue, durante décadas, la pared contra la que chocaron todos los historiadores.
El hallazgo: Una residencia y un prado
El trabajo de Benini y Mase permitió desglosar una confusión histórica: Highfield no era el nombre del estadio, sino el de una imponente quinta diplomática. La residencia del Ministro Plenipotenciario británico, Francis John Pakenham, se ubicaba en la actual Avenida Cabildo al 1299. Esta mansión servía de "baliza" visual para los espectadores, pero la acción deportiva ocurría seis cuadras más allá.
Gracias al cruce de datos con la comunidad norteamericana, que jugaba béisbol en el mismo predio, se descubrió que el verdadero nombre catastral era el Prado General Belgrano. Este terreno, cedido por Lisandro Billinghurst, se situaba en el rectángulo hoy delimitado por las calles Cabildo, Olleros, 11 de Septiembre y Gorostiaga. Fue allí, en ese "campo alto" que balconeaba hacia el río, donde se forjó parte de la mística del fútbol de finales del siglo XIX.

Un final sentenciado por el progreso
La desaparición de Highfield no fue un misterio deportivo, sino un fenómeno inmobiliario. Mientras el Belgrano FC disputaba sus últimos encuentros, la familia Billinghurst fragmentaba el predio en sucesivos remates. El 15 de agosto de 1891, mientras el equipo jugaba su último partido registrado contra la Asociación Cristiana de Jóvenes, el martillero subastaba las últimas hectáreas del Prado.
La investigación de Marcelo Benini y Ricardo Mase concluye que el campo fue literalmente devorado por la urbanización. El asfalto y las nuevas edificaciones silenciaron los gritos de gol y el choque de los scrum de rugby. Hoy, gracias a este rescate histórico, podemos afirmar que Highfield ya no es un fantasma, sino un capítulo recuperado de la historia grande del fútbol argentino, un potrero que volvió a la luz después de más de un siglo de olvido.





































